Ya desde nuestra concepción Dios nos ha elegido a nosotros y espera pacientemente a que nosotros, -una vez seamos conscientes- podamos también dejarlo entrar en nuestras vidas.

Ahora que los hijos recién inician  un año escolar, evoco una entrevista que tuve con la Madre Marisol, una mujer con una sencillez y paz que dejaba aflorar el carisma especial que posee; por muy ocupada que estuviera siempre había tiempo para escuchar. Hice una espera de poco más de una hora, era la segunda vez que asistía al colegio para conversar con la Directora. Tenía infinidad de cosas pendientes pero indudablemente, aquella era la más importante de las citas, -al menos para mí- porque se trataba del futuro de mis hijas.

La experiencia en el colegio del cual ellas venían era bueno, pero me preocupaba la vanidad que percibía tanto en hijos y cuanto más en sus padres; salía alarmada y angustiada de las reuniones,  escuchaba expresiones como “qué fastidio tener que venir a estas actividades del colegio”, una madre podría expresarse de esta manera?. Si, y no solo madres, también padres que sacaban a relucir  el costo de la matrícula que debía abarcar –según ellos- la educación académica y la formación  integral  de los niños porque ellos carecían del tiempo para ocuparse de esas labores.

Sentía muy sincera amistad por  de los dueños del primer colegio de mis hijas, los apreciaba e hice lo posible por hablar con mi amigo el director para manifestarle la decisión que estaba tomando; creía esto una obligación por respeto y lealtad, era muy importante para mi  sostener aquella conversación de manera personal; por la razón que fuera esa entrevista no se dio.

¿Qué me hizo tomar la decisión de cambiar de colegio? Mi hija mayor en el sexto grado acusó en la coordinación de su grado a la maestra de falta de respeto. Ocurrió que la maestra se burló de la niña luego de una intervención que a la maestra le pareció desacertada, eso generó la burla de sus compañeros de clases; obviamente no deseaba volver y sentía que esa no era la manera, sin embargo ella sostenía que la maestra se había equivocado y que la manera soez en que se refirió a ella fue denigrante. Una niña de once años con valentía dijo “no quiero ser  educada por una persona que no  merezca mi respeto”, así lo manifestó ante la coordinadora. No intervine, ya mi hija lo había hecho por si misma con criterio propio.

Para educar a nuestros hijos  necesitamos aportarles dulzura y a la vez fortaleza, inteligencia y sentimientos compasivos,  disciplina y tolerancia; yo sabía que Dios me estaba llamando a botón para que hiciera una diferencia en mis pequeñas.  Cuando fui al colegio católico a buscar el cupo para ellas, me preguntó la Madre Marisol por qué las quiere cambiar de ese colegio si ellos tienen mejores instalaciones, actividades complementarias y nosotros somos un colegio –si se quiere- modesto;  mi respuesta fue: deseo educar a mis hijas con criterios  humanos, mas cercanos a Dios, y con sentido de familia. Quiero que nuestro hogar sea la diferencia.

No me equivoqué, mis hijas en medio de toda esta situación caótica y absurda por la cual hemos atravesado estos últimos años, han estado apoyadas no solo educativamente, han tenido el sustento de la disciplina, de los valores;   como todos los jóvenes,  a veces no entienden el criterio de corrección, pero una vez fuera agradecen y estiman la formación que se les ha dado.

En ese “modesto” colegio dejé sembradas buenas amistades,  desarrollé con más ahínco mi deseo de aportar en conocimiento y en labor,  pero él ha dejado mejores cosas en nosotros: nos mantuvo  más cercanas  a Dios. No temamos elegirlo a él, con seguridad  los frutos serán  mejores y abundantes.

AMÉN! 

Por: Jalouise Fondacci

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