Igor Gielow São Paulo.- Cinco años después de que las multitudes tomaran las calles, en el momento de mayor desgarro del tejido social brasileño desde la redemocratización, el proceso de rechazo a la política tradicional escribió un nuevo capítulo.

Los resultados de la primera vuelta de las elecciones de este año indican una aglutinación de fuerzas en torno a la figura de Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal). Ganando o no la segunda vuelta contra Fernando Haddad (Partido de los Trabajadores), el mensaje ya ha sido dado.

En 2014, aún en la estela de las protestas del año anterior, el tándem PT-PSDB aún logró mantener unida la energía social liberada por las calles. Esto parece haber proporcionado un halo de ilusión a los líderes de la política tradicional.

La debacle económica y política del gobierno Dilma Rousseff (PT) encendió la llama de un fuego que fue alimentado por el clima moralizante de la Operación Lava Jato, al mismo tiempo que se negaba la política y se asumían posturas derechistas. Las protestas durante el impeachment de la petista en 2016 ya mostraban señal de ello.

La transformación de Luiz Inácio Lula da Silva en un tótem único de la izquierda acabaron alimentando las llamas antipetistas que crepitan en la hoguera antiestablishment.

Si esto explica en parte la ascensión de Bolsonaro, depositario claro del deseo por lo “nuevo”, también deja expuesta la inacción del sistema establecido. Tal vez los nombres forjados en los últimos años con esta marca en las siglas tradicionales hubieran tenido éxito, pero claramente los partidos se aferran a fórmulas convencionales –y las consecuencias de estas apuestas han comenzando por el mayor derrotado de las elecciones, el PSDB.

La disparada ventaja obtenida por una manada de desconocidos hasta ayer en estados importantes, como Minas y Río, no sólo indica una victoria personal de Bolsonaro. Es la traducción práctica de ese voto protesta, que también se ve reflejado en la lista de candidatos a diputados y senadores mejor colocados.

Cómo esto puede “romper el sistema”, como defiende el polémico líder de la disputa en esta primera vuelta, es quizás lo primero que cualquier presidente electo el 28 de octubre enfrentará. Brasilia es un organismo complejo con leyes propias en el que instancias como el Colegio de Líderes de la Cámara valen más que cientos de miles de votos individuales.

Es previsible que, victorioso, Bolsonaro vaya a estimular una forma nueva de relación basada en la fuerza que se asoció a su nombre. Será particularmente interesante ver cómo se portará el enjambre de políticos que buscará unirse al militar, que se forjó un nombre al negar a esos antiguos superiores informales en la Cámara.

En el caso de Haddad, parece más seguro pensar en un mantenimiento más tradicional del proceso político. La dificultad será de otro orden, la hostilidad de un Congreso en el que la base natural de apoyo del PT se ha visto bastante sacudida. Todo se negocia, claro, pero es posible prever turbulencias diferentes a las que Bolsonaro puede enfrentar.

Desde el punto de vista ideológico, sobra decir que el conservadurismo social brasileño mostró sus dientes tras años de ridiculización por parte del establishment. El cuñado, para usar la imagen preconcebida de aquellos que se dicen progresistas, llegó hasta él.

Si dará las cartas o acabará absorbido de forma orwelliana por el sistema vigente es algo que está por ver. / https://www1.folha.uol.com.br

Traducido por AZAHARA MARTÍN ORTEGA

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